Zygmunt Bauman  nació el 19 de noviembre de 1925 en Polonia. Su muerte aconteció a los nueve días del mes de enero de 2017 en Inglaterra. Sudddds ideas trascienden la óptica común para cuestionar la vida cotidiana. A sus 91 años, la lucidez le permitía lanzar conjeturas sobre la “modernidad” y sus repercusiones para toda la humanidad.

“Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.”

Filósofo y sociólogo, Bauman objetivó un pasado tormentoso, cuando tuvo que huir del nazismo, en una mente colmada de conocimientos que a su vez se embellecía con una sinapsis digna de alabanzas. En la vida personal mantuvo una relación sentimental con Janina Lewinson, escritora, quien falleció en 2009.

Y vale la pena mencionar el dato anterior porque muchos conocimos a Bauman gracias a la popularidad que cobró su obra Amor Líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (2005), donde justamente reflexiona sobre el miedo a establecer relaciones duraderas y sobre las consecuencias de vivir en una moderna sociedad líquida:

“Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse”.

Por supuesto que sus preocupaciones e inquietudes lo llevaron a nutrir otros temas de características muy distintas, pero siempre bajo la premisa que se destaca en el concepto de la sociedad líquida moderna. Su trabajo se desarrolla a partir del análisis a las tendencias neoliberales y fundamentalistas:

“Todas las medidas emprendidas en nombre del “rescate de la economía” se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres”.

Porque a final de cuentas, fue su empeño por tratar las problemáticas sociales lo que nos permitió conocer sus verdaderas intenciones: hacer brecha en el inefable camino hacia la felicidad. Por eso decir adiós a Bauman parece, a simples palabras, una contradicción. Le lección, sin ánimo de ser moralista, es abrir las puertas de la comprensión en vías de acabar con la superficialidad.

¡Acabemos con el miedo a vivir! Es el mejor homenaje que podemos rendirle.

Comentarios