Advertencia: Una vez desahogado el placer por reventar un grano, sea éste, propio o ajeno; la zona previamente invadida, quedará roja, marcada e hinchada. Eso si, la satisfacción obtenida, sólo será comparable en escala al producto recién drenado de tal protuberancia.

Frente al espejo: Son tantas las cosas que debemos aprender de los granos. Ellos aparecen en cualquier parte del cuerpo (en verdad, lo hacen en cualquier parte del cuerpo); no respetan raza, religión, edad, sexo, etnia ni especie; cuando deciden hacer presencia, lo hacen sin importar sobre quién o en qué lo hacen, y si el ambiente y el terreno son propicios, llegarán acompañados de familiares, amigos y compadres.

Anécdota:

Hablando desde la experiencia e historia personal, confieso que me llegan de uno en uno; rara vez en parejas, eso sí, nunca en tríos o manifestaciones más numerosas. Querido lector, si usted presenta erupciones masivas de estos seres, lo recomendable es asistir con su médico o dermatólogo de confianza, ellos sabrán actuar oportuna y adecuadamente; no se vaya a quedar usted reventando a sus pustulosos amigos frente al espejo.

Los abscesos más conocidos, son aquellos invocados en cualquier parte de la cara y el cuello, principalmente, cuando de la frente se habla. Notorios como ellos solos, vienen siempre en distintos tamaños y varían su tonalidad rojiza, según su propia personalidad. Los hay jugosos, explosivos y salpicadores; existen también, aquellos de centro más sólido, obligados a expulsar su núcleo formando una tira macilenta entre blanca y amarilla.

El proceso de maduración, varía según su clase. Hay algunos que tan pronto aparecen, se encuentran listos para ser reventados. Los hay también de índole más artesanal; se toman su tiempo para madurar; crecen, se forman, se preparan perfectamente para el catártico momento de su muerte; toda una existencia finalizada arrojando el alma y el ser al espejo. ¡Vivan los barros artesanales! ¡Mueran!

Los brazos, las piernas, el pecho y la panza, son zonas propensas para su aparición. El gusto por exterminarlos, sigue siendo el mismo que cuando aparecen en el rostro o el cuello; lo que varía, es el deleite de presumir un barro recién exprimido, pues el placer de hacer notoria tal hazaña, disminuye en función, a la capacidad de mostrar la zona recién lastimada por los dedos reventadores de granos. Lo cierto es, que existen casos muy específicos para poder mostrar tales zonas privadas como trofeo personal combatiendo el acné.

De lo público a lo privado:

Se recomiendo llevar a cabo estas acciones en privado, o en compañía de alguien o alguienes de suma confianza. En caso de no resistir las ganas de llevarlo a cabo en un lugar público, evitar salpicar al vecino o vecinos, si nota que el o los extraños no pueden eludir el antojo ajeno, invitar al extraño a saciar las ansias de reventar el grano; tal vez sea usted alguien que disfruta de hacerlo en compañía desconocida.

Sí usted no goza de la compañía desconocida, pero sí de estar con alguien de suma confianza, lo aconsejable será, dejarse reventar los granos de la espalda y las nalgas; usted, lector avispado, habrá notado que en el apartado correspondiente, no se mencionaron estas dos celebres partes, ¿las razones?, son áreas que invitan a la comunión entre personas. Sí tú me revientas los granos de la espalda, yo te reventaré los barros de las nalgas y viceversa.

Tome en cuenta, que las actividades pueden variar según los gustos. Ejemplo: Reunirse en dos (o más) parejas, tomar posiciones y ver quién le revienta más granos al otro en menos tiempo; procure tener a la mano papel con el que limpiar y algún producto con que desinfectar el área antes y después del reto, evitemos una infección más grande y grave cuando sólo de diversión se trata. Eche mano de su imaginación, e invente actividades donde convivir con familiares y amigos, no le diga no a una tarde de esparcimiento lleno de granos, barros y sano esparcimiento.

Anécdota:

Caso documentado de un grano de dimensiones nunca antes vistas; la solución: amarrar la base del barro a la parte trasera de un tractor, y con ayuda de este, exprimir todo el jugo contenido en tal protuberancia. El resultado: minutos de expectativa y mucho placer a la hora de reventar el grano. Todo el acto fue supervisado por especialistas en este arte, nada ni nadie salió lastimado durante el acto; eso sí, aún se desconoce el paradero del contenido extraído de tan suculento absceso.

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