Me dediqué un tiempo a explorar un concepto del mundo que me tenía muy inquieta. Todos llegamos a cierta edad donde nos da miedo saber quiénes somos en realidad. En ese entonces yo era una pizca de antidepresivos, alcohol en exceso y faltarme al respeto cada fin de semana. Leer a Bukowski y sentirse con afecto ya era de saberse desde un principio a lo que iba en la vida.

Empezaba la universidad, no tenía mucho dinero. Estudiar Arquitectura y además tener un trabajo de medio tiempo o de fines de semana era muy agotador, tu cuerpo no puede con la fatiga y con la desesperación de dormir tres o cuatro horas diarias. Era una mañana tranquila, me senté en la orilla de un lago, prendí mi cigarro y comencé a leer. Tranquilidad acogedora mientras mi cuerpo temblaba de tanto estrés acumulado.

– Tanto tiempo sin vernos, giré la cabeza. Me encontré con un gran amigo.
– Vives tan cerca de mi casa y aún así no se nos dan las horas.

Anécdota de un día al desnudo

De risa en risa fue una gran tarde algo de esperar de dos amantes de la lectura. De pronto salió el tema:

-Estoy haciendo una serie de fotos sobre erotismo, ¿sabes algo al respecto?, ¿te interesa? Estoy pagando a las modelos, dijo.

Justamente sacaba de mi bolsillo los últimos diez pesos. Una hormiga roja recorrió mis dedos, bruscamente la zangoloteé y en el fondo encontré, medio machacado, un antidepresivo por si me daba pánico de la nada.

-¿Cuánto estás pagando?, ¿es completamente desnudo?, ¿me pagarás el taxi de ida y de regreso también?

-Por supuesto, dijo con cara de compromiso, y acepté.
-Por favor lleva una medias, un liguero. Si puedes un corset y nada de maquillaje.

Llegué a mi casa, que se encuentra en una calle empedrada. Segundo piso a la derecha, en la habitación de un foco y con una linda vista al Cofre de Perote junté la ropa necesaria para la ocasión. Me sentía nerviosa, nunca lo había hecho y todavía no me interesaba el erotismo. Dormí tiritando.

A la mañana siguiente pedí un taxi porque quedamos temprano. Las fotografías serían análogas y había que aprovechar la luz mañanera. Al llegar estaba la sala acomodada perfectamente, la cámara en su tripié y un paquete de cigarros sin filtro por si me sentía nerviosa. Me cambié, temblaba y hacía un frío paralizante.

Anécdota de un día al desnudo

– Acuéstate sobre el sillón, por favor, indicó.
Vestía un corset, bragas, liguero y medias negras.
– Sé tu misma, relájate.
Tuve que encender uno de los cigarros.

Nunca había sentido una comodidad así. A pesar de que en esos tiempos me sentía llenita, me sentía completamente sexy. Yo, en ropa que no me había puesto antes siendo fotografiada por un fotógrafo reconocido. Qué mujer no se sentiría halagada.

Pasaron unas dos horas, nada de incomodidad con mi estimado amigo, fue todo un profesional. Eran las dos de la tarde y pensé que me moriría de frío. Parpadeé varias veces para no desmayarme y repasé en mi cabeza las clases de respiración que aprendí por internet. Pedí un taxi y me fui.

Iba por la empedrada otra vez, segundo piso a la derecha y la habitación de un foco. Botella de whiskey barato. Cama con orines de gato. Cincuenta y tres kilos al desnudo.

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