¿Conoces todos los tipos de Atoles?

En jarrito de barro, vaso de unicel o la tradicional taza, el atole es una de las bebidas más reconfortantes y variables que se pueden encontrar en México.

Bebidos desde tiempos prehispánicos, todos los atoles tienen la misma base: agua y masa nixtamalizada para espesar. Aunque no hay que confundir y pensar que porque los ingredientes son económicos y accesibles, los atolli, como se dice en náhuatl, son bebidas de baja categoría.

A diferencia de otras bebidas cálidas como el café, té o chocolate, el atole no cuenta con una ceremonia propia o una vajilla especial, pero lo compensa con la enorme variedad de sabores posibles. Los sabores y colores del atole varían según las preferencias regionales, fiestas o ingredientes utilizados.

A continuación les comparto una lista de algunos atoles no tan conocidos fuera de sus lugares de origen, pero que vale la pena probar en algún viaje o festival de atoles.

ATOLE DE CHAQUETA

Preparado por las comunidades indígenas cercanas a la ribera del lago de Pátzcuaro, se le dice así en Michoacán porque se prepara con la cascarilla del cacao, que se quema junto a pelos de elote y piloncillo, todo se muele en metate para agregarlo a la base del atole y el resultado es una bebida con un ligero sabor achocolatado y color negro, de donde recibe su otro nombre, no tan original: atole negro.

ATOLE DE TEJA

Las semillas de girasol, al que le dicen “maíz de teja” se tateman y se muelen con canela y piloncillo para hacer un atole que es muy suave en el estómago.

Típico de Querétaro, conserva su sabor dulce y un color oscuro pronunciado, muy propio para su uso ceremonial, que es servirse durante las fiestas mortuorias de noviembre o para reconfortar a los acompañantes en los funerales.

ATOLE AGRIO

Una delicia de Tlaxcala, muy consumido por la comunidad sureña de San Juan Ixtenco, quienes tardan por lo menos dos días en prepararlo, ya que el maíz y la masa que se obtiene para espesar el atole debe fermentarse, por lo que el sabor no es tan dulce como los atoles más conocidos, sino ligeramente agrio por la acción de la fermentación. En cuanto a color, es de los más originales, con un lindo tono morado azulado producido por el maíz.

La intensidad de sabor depende mucho de los factores climáticos para la fermentación, el tiempo que se fermente y la cantidad de azúcar que decida ponerle el “atolero”.

ATOLE DE GRANILLO

Como se le conoce en Chiapas, es un atole sencillo, con maíz blanco, azúcar o piloncillo, canela y agua. A diferencia de otros atoles, aquí el maíz va quebrado y con un poco de cal, se pone a hervir y así se va nixtamalizando poco a poco, quitando el exceso de cal y enjuagando los granos, para que finalmente, se termine de cocer el maíz con agua y canela y quede una bebida dulce de color blanco.

POZOL

Aunque estamos acostumbrados a que el atole sea caliente y acompañado de tamales, en Tabasco y Chiapas, tierras de selva y chocolate, el calor exige una bebida diferente. Este “atole”, se bebe frío, mezclando la masa de maíz y agua con cacao, no chocolate como los champurrados (o atoles de chocolate). El resultado es una bebida refrescante, que aporta muchísima energía al usar el cacao molido, con o sin cáscara, y que puede transportarse fácilmente.

ATOLE ROJO

En Oaxaca se prepara un atole calientito mezclando pinole, granos de cacao, canela y achiote, para dar el color rojo. Todo se debe tostar en comal a fuego lento y molerse en metate, para que puedan integrarse completamente todos los sabores. Este atole, además, se bate con el molinillo, para generar espuma como en el chocolate. En ocasiones se sirve para dar la bienvenida a los invitados o en celebraciones religiosas como bautizos y bodas.

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