¿El baile para qué?

Seguramente en varias ocasiones alguien te lo ha preguntado. Lo curioso es que la respuesta que ofreces modifica la manera en que eres percibido por las personas. Es como si de pronto supieran si perteneces a los suyos o no.

Por eso no hay nada como decir “a mí me gusta de todo. Si suena bien, yo le entro”.

baile
Flickr: Linda Plata

El baile o la danza es otra de las expresiones que en la mayoría de las ocasiones disfrutamos a través de la música, pero ¿cuáles son los pasos y movimientos que forman parte de nuestra cultura?

La respuesta es todos. Sí, desde el baile de salón, el danzón, el rock and roll o rockabilly, la salsa, la cumbia, la charanga, el merengue y hasta el reguetón. Una pareja de baile versatil será una gran compañía.

Bailar para vivir

Lo más importante es no despreciar ninguna expresión de nuestra identidad. Más bien se trata de comprender antes de tirar la primera piedra, ¿o no que muy católicos?

El baile nos enseña que los movimientos del cuerpo pueden armonizarse para ofrecer un espectáculo digno de los dioses.

Para Amalia Hernández, bailarina de folclore que con mucho orgullo presumimos en México, todo se reducía a esto:

“Un artista necesita libertad total. Al bailar, tu único compromiso es con el arte mismo”

Pero no necesitamos correr a los teatros para deleitarnos con los mejores pasos y su vínculo con la música. Basta salir a la calle para encontrarnos con los amantes de las coreografías.

Por ejemplo, el siguiente video titulado Lingo Lilingo, Baile que baile de Cañaclara (¿apoco cuando eran bebés no los hacían bailar el lingo lilingo?) podemos emocionarnos con la riqueza de danzantes que encontramos tan sólo en la Ciudad de México.

Ellos realizan un recorrido por el mítico Salón Los Ángeles, la Ciudadela y hasta las academias de baile. ¿Quién necesita un escenario cuando la calle es nuestra pista para danzar?

De verdad, véanlo; hasta la piel se nos pone chinita:  

Cuando nos reconocemos como parte de un todo, nuestras raíces se vuelven más profundas.

A veces, siendo muy pequeños (en cuerpo y mente), negamos que la música tropical sacude nuestros cuerpos casi como si nos poseyera. Hoy celebramos que se preserven todos los bailes para presumirlos a las nueva generaciones.

¡Bueno, pues a bailar se ha dicho!

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