Ser de barrio no es una bandera que se presume.

Se es de barrio, pero se oculta la identidad.

Es mejor guardar las apariencias, es mejor que nos traten “mejor”. Es mejor que se hable de nuestras virtudes, y ser de barrio no parece una virtud.

Últimamente está de moda ser de barrio: la gente rompe sus pantalones, deslava sus playeras, habla con otras palabras y presume sus “orígenes”.

Algo es seguro: no tienen idea de lo que están diciendo o haciendo.

Nadie busca sinceramente ser de barrio. Naces ahí, en una suerte que define tu vida, pero eso es algo que comprendes mucho más adelante, cuando ya es demasiado tarde.

Flickr: Roman Olayo

¿Ser de barrio nos ubica como personas vulnerables o vulneradas?

Que si somos flojos.

Que si somos ignorantes.

Quecinosabemosescrebiroablar.

Ser de barrio no tiene que ver con el nivel educativo o la cantidad de datos académicos almacenados en nuestras cabezas.

Al nacer no se elige ser de barrio, ¿ya me explico? Cuando sales del hospital eres alimentado con harina de arroz y caldo de frijoles en una mamila hecha del peor plástico. No consumimos leche o fórmulas lácteas en un botellón amigable con el medio ambiente.

Luego todo sigue por caminos precarios. Siendo niños, se burlan de nuestra mala nutrición cuando aparecen juicios por la altura, el color de la piel, los dientes, la heridas, los raspones… Todo se vuelve físico. No se presumen los rasgos indígenas. Ser de barrio se nota en nuestra ropa de segunda mano comprada en los tianguis (nada tiene que ver con ser jipster).

ser de barrio
Flickr: Erwin Morales

¿Orgullo o vergüenza?

Ser de barrio me hace pensar en las oportunidades que perdimos mientras intentábamos sobrevivir.

Si mamá no fue a la escuela fue por culpa del hambre. Y del hombre.

Y hay quien todavía piensa que los pobres son pobres porque quieren. Ya sé, eso ya la habían escuchado.

Algunos se atreven a decir: “si yo he salido adelante, ¿por qué ellos no?”

¿”Ellos”? ¿Quiénes somos “ellos”?

Comparaciones absurdas.

Flickr: Roman Olayo

Algunos presumen ser de barrio, pero no tienen ni puta idea de lo que significa cargar con el peso de la marginación todos los días, de la exclusión, de las lamentaciones, de la voces que a coro nos etiqueten como los “pobrecitos”.

Nadie quiere ese tipo de adjetivos. Nadie los quiere porque no sirven para nada.

Queremos un trabajo que nos respete.

Queremos una escuela comprometida.

Pero no queremos ir a un trabajo que nos considera inferiores

Pero no queremos ir a una escuela donde todos se burlan de nuestros zapatos rotos.

La torta de frijoles con una rebanada translúcida de jamón es mi mejor representación.

Y no siento vergüenza.

Ser de barrio me divide entre los orígenes y los anhelos.

Sentimiento de pertenencia

ser de barrio
Flickr: Tonatiuh Cabello

Pertenezco a un lugar al que nadie quiere pertenecer, del que todos quieren salir, del que nadie se siente contento, en el que nadie se siente bienvenido, del que nadie merece ser.

Somos de ese lugar donde, por la noches (y a todas horas), hay que correr mientras el corazón se sale de nuestro cuerpo por el temor al hambre de otros.

Somos de ese lugar donde hay que levantarse a las 3 de la mañana todos los días para llegar a la escuela o al trabajo con apenas un trago de café en el estómago.

Somos de ese lugar donde el camión, la combi o el metro puede darnos unos minutos más de sueño. ¿Quién dice que no se puede dormir de pie?

Al salir de nuestras casas nos encontramos con calles oscuras, al volver a nuestro hogar la noche sigue ahí.

Flickr: Roman Omayo

Somos ignorantes, ijnorantes, hijnorantes.

Somos nacos.

Somos juzgados.

Pocas veces encontramos verdadera comprensión.

¿Verstehen? ¿Qué es eso?

No me digas.

¿Un grupo vulnerable o vulnerado?

Eso ya lo habías dicho.

Y dicen que no nos damos cuenta.

Pero si pudiéramos cambiar las cosas.

Si pudiéramos cambiar las cosas.

Hasta crees, güey. Ya vete a chingar a otro lado.

Con la esperanza en el suelo

ser de barrio
Flickr: Tonatiuh Cabello

A veces, nuestras fuerzas se gastan en una idea tonta: ojalá me encontrara un poco de dinero tirado por la calle; 50 pesos serían excelentes, me conformo con 20.

Entonces llevaría un poco de pan a casa.

Me gusta estar en casa.

Y abrazar a los nuestros.

Y apagar la luz.

Y ver un poco las noticias en televisión.

Puras mentiras.

Ya sabemos.

Mientras nos quedamos dormidos.

Mientras otros familiares trabajan en un horario distinto porque ya no alcanza para nada.

Mientras el mundo sigue su propia rutina.

Y con más preocupaciones que ayer, nos sumimos en un sueño donde los problemas se replican, donde las pesadillas se cumplen, donde una bala nos alcanza, donde se acaba el trabajo.

Y todo pasa.

Y nada se queda.

Y lo único que se puede perder es la vida.

Cartulinas fluorescentes para la vida… sólo en México

 

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