El vino para los ricos y la cerveza para los pobres. Uno para celebrar, otra para ver el fútbol. ¿Pero qué pasaría si no fuera así necesariamente?

Ambas bebidas fueron descubiertas desde hace cientos de años y fueron los egipcios quienes ayudaron a irlas perfeccionando y dar a conocer en el Viejo Mundo y de ahí, al resto del mundo. Siendo los alemanes quienes se encargaron de dar a la cerveza la variedad e identidad con la que la conocemos actualmente.

Alrededor de la cerveza se han construido varios mitos, porque a la gente ya se le olvidó que las pirámides de Egipto fueron construidas bajo su influencia (a los esclavos les pagaban al final del día con varios litros) o que durante la Edad Media era más seguro beber chela que agua. Y en lugar de alabar a la bebida más refrescante del mundo, la atacan. Pero aquí vamos a desmentir los 5 mitos más comunes de la cerveza, para dejarlos callados a todos.

  1. Una cerveza bien “muerta” por favor.

Aunque después de un largo día dar un trago a una cerveza helada renueva a cualquiera, al beberla tan fría, se ocultan todos los sabores y aromas característicos. Mientras se tenga más temperatura, se percibirán mejor. No. Eso no quiere decir que se tome caliente (¡asco!), sino que dependiendo del tipo de cerveza es la temperatura sugerida para apreciar los sabores y aromas en toda su magnitud.

Según la revista Beer & Brewing, se recomiendan las siguientes temperaturas:

  • 2 – 4° C: Lagers (Corona, Dos Equis, Carta Blanca, Kloster)
  • 4 – 7° C: Pilsners, cervezas de trigo y Kölsch (Bohemia clara y weizen, Modelo Especial,   Tecate)
  • 7 – 10° C: Viena, IPAs, Munich, Porters y la mayoría de las stouts (La Bru, Minerva, Cucapá, Negra Modelo, Victoria, Bohemia Oscura)
  • 10 – 13° C: Ales belgas y escocesas, bocks (Nochebuena, Duvel, Leffe)
  • 13 – 16° C: Barleywines, imperial stouts y Doppelbocks (Guinness, Calavera)
  1. “¿Gusta un vaso joven? No, así está bien”

Nada más erróneo. Y no hablo de los gérmenes que pueda tener la botella (aunque la limpien con servilleta antes de tomarle), sino que al servir la cerveza en un vaso, y más si es el correcto para el tipo de cerveza que se está disfrutando, provoca la liberación de gas de la bebida y crea una cabeza ligera de espuma. Además de que permite ver el color de la cerveza en todo su esplendor y dar una idea general de su textura y cremosidad.

Los aromas que se inhalan mientras se toma un trago crearán una experiencia diferente en el paladar. Lo que nos lleva al siguiente mito…

  1. “No sabe servir cerveza, ve toda la espuma que le deja”.

Pues empieza a servirla con espuma. La espuma, llamada giste, cabeza o corona por los expertos cheleros, es un conjunto de burbujas de dióxido de carbono que van explotando poco a poco y ayudan a percibir la presencia de los aromas de la cerveza, ya que cuando cuando explotan, van liberando todos los aromas. Esta espuma también protege a la cerveza de oxidarse y así evita que se modifique el sabor original o pierda rápidamente el gas.

El tiempo que permanece la corona en la cerveza y los rastros espumosos que dejan, generalmente están relacionados con la buena calidad de una cerveza. Simplemente vean la corona que se forma en una Guiness y la que hace una Coronita. Nada personal Corona.

  1. ¿Panza chelera?

¡ F a l s o !

 

Para empezar, la cerveza tiene menos calorías que el vino, bastantes vitaminas y fibras, además de ser diurética (¿o por qué creen que van tanto al baño?). Esa barriguita que se cargan los amantes de las caguamas tienen más que ver con todas las botanas llenas de sal que se acostumbran que con esta espumosa bebida. Así que échenle la culpa a los churritos y a las papas, no a la chela, pero siempre con moderación.

¿No confían? Aquí los datos científicos

  1. “Está amarga porque ya se calentó”

No no y no. El amargor de la cerveza depende del lúpulo, esta flor agregada por los romanos, es uno de los cuatro ingredientes principales que componen a la cerveza, además del agua, la malta y la levadura y es la que otorga aromas, sabores y el amargor clásico de esta bebida. Si una cerveza es más o menos amarga depende el tipo de lúpulo que se agrega y en qué etapa de la elaboración es añadida, no si modificamos la temperatura de servicio.

Así que ahora ya saben. ¡Salud!

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