Todos sabemos que el arte rompe fronteras, acerca personas, nos conecta con el cosmos. Es lo más cercano que tenemos a hacer magia, el convertir sonidos en melodias, brochazos en obras de arte, piedras en esculturas, ingredientes en un platillo espectacular, letras en literatura y pueblos en lugares llenos de magia. Cacchoben es un gran ejemplo de como el arte transforma vidas.

Hemos visto que añadir colores a lugares grises le da una nueva identidad a los lugareños y al espacio en el que se llena de color. En el 2015, con el proyecto “Pachuca se pinta” el colectivo de artistas Germen Crew pintaron la colonia Palmitas de colores brillantes. En su momento, crearon el mural más grande en México pero también lograron bajar los índices de criminalidad. Demostrando así que el arte es una arma sumamente poderosa.

https://www.facebook.com/muralismogermen/photos/a.216510695157172.1073741825.125597034248539/672877722853798/?type=3&theater
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En Chacchoben, un pueblito fantasma a pocos kilómetros de Bacalar, revivió el día que la artista Carmen Mondragón lo llenó de colores bajo la iniciativa “Pueblerismo” que busca convertir al arte en una experiencia vivencial y sacarlo de los museos.

http://www.revistafusionq.com.mx/articulos-y-noticias/detalle/2787
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La primera vez que la artista visitó el pueblo en el 2013, se dio cuenta que se trataba de un lugar que no tenía acceso a actividades artísticas, lo cual fue el principal impulso para crear la iniciativa que llenaría de le regresaría la vida a Chacchoben. Carmen Mondragón regresó en 2016 y con el apoyo de locatarios y después de meses de trabajo lograron pintar 80 murales, pero no sólo eso, también se impartieron talleres que lograron convertir a un pueblo fantasma en una comunidad vibrante.

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Lo que ha sido un pueblo chiclero desde tiempos prehispánicos, conocido como la tierra del maíz colorado, es un lugar que nunca ha superado los 1500 habitantes, y ha estado a muy poco de ser abandonado por completo por la falta de trabajo en la zona. Muchas familias terminaban cambiando de residencia a Playa del Carmen o Cancun, pero durante el 2016 y a lo largo de los últimos meses han ido de 560 habitantes a 860, gracias al proyecto liderado por Carmen Mondragón y los murales.

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Las fachadas de las casas de Chacchoben ahora cuentan con imágenes que relatan las historias que representan a sus pobladores, sus gustos, sueños, y deseos. Y, más importante aún, se piensa crear actividades para darle continuidad al proyecto para darla a Chacchoben y a sus habitantes la atención, acceso a servicios básicos y la atención que se merecen por parte del gobierno local y los turistas que visitan la región a través de una ruta turística desde Chetumal y otras regiones del estado.

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“El propósito de pintar murales y espacios públicos es demostrar que el arte y la actividad artística pueden ser considerados como bienes de consumo diario. Lo sucedido con la comunidad de Chacchoben es un ejemplo claro de que el arte es una herramienta de transformación social: fuimos testigos de cómo una práctica artística comunitaria modificó las dinámicas de convivencia e incluso la forma en que se habita el lugar”, comentó Carmen Mondragón la artista plastica que llevó acabo el proyecto.

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Andrea es una Potterhead de corazón, Shadowhunter de fin de semana y Lady Sith cuando la hacen enojar.
Es una entusiasta de la vida sana pero los fines y puentes come cosas gordas sin que nadie lo sepa. Le gusta hacer yoga, meditar y leer el Tarot de vez en cuando. Su placer culpable favorito son las paletas de horchata de la zona azul (en la republica hermana de Satélite).
Tiene más libros que sentimientos y su palabra favorita es: furthermore.
Empezó a escribir cuando JK Rowling se tardó la vida en sacar la quinta parte de HP y lleva desde la prepa trabajando en una novela.
Es fiel creyente de la magia, el destino y la energía. Ama el sol, los animales y las suculentas. Comparte custodia de dos bellos gatos y tiene un aceite esencial para cualquier mal del cuerpo.
A diferencia de muchas personas, su Patronus es un perro y no un salmón.