¿Despedida a un amor?

Para el Charango de ojos verdes

La mosca, amante eterna de la mierda, me trajo noticias tuyas; me dijo que anduvo rondándote, persiguiendo algo podrido cargado por ti; pero no te alarmes, no hablaba de tu corazón, no podría decir algo de tales magnitudes, pues de entre sus capacidades, está la de sólo lograr percibir el olor de las cosas en proceso de putrefacción, y según ella y yo, ni estás muerto ni te estás pudriendo, sólo llevabas en tu mochila algún alimento en estado de descomposición.

despedida a un amor

“Es imposible no reconocerlo”, dijo la mosca con su característico zumbido y prosiguió: “he leído tantas veces tus poemas, que ya lo conocía incluso antes de encontrármelo”. Después aceptó gustosa, que fue una hermosa y bella casualidad el que llevarás desprendiendo un aroma tan asqueroso y penetrante desde tu ser. Me pidió agradecerte por tan excelso deleite y tan gran satisfacción obtenida .

No la escuchaste, llevabas audífonos puestos. No la viste, caminabas cabizbajo como de costumbre; pidiendo perdón por cada paso dado, lamentando cada decisión tomada, culpándote por todo y por nada, disculpándote a cada zancada, siempre fracasando por querer complacer a todos, tratado de quedar bien con un mundo que nunca deseará quedar bien contigo; te ignoran si no te necesitan, sólo eso, te ignoran y no te das cuenta.

despedida a un amor

La mosca también observó tus ojos. Confirmó lo bellos que lucen en tu rostro, dijo que eran casi tan hermosos como los descritos en mis versos y mis prosas; notó la tristeza cargada en tus pupilas, la rabia guardada por no poder ser tú mismo, por no ser ese músico que tanto amas; y vio poesía en esos lagos verdes, y dedujo la existencia de tanta improvisación clausurada; y la mosca se lamentó, y tú te lamentabas, te la-mentaste.

despedida a un amor

Ella me platicó de tus barbas, esos pelos de los que ya le había hablado; dice que van mal recortados, descuidados, grasosos y llenos de migajas, se enamoró de ellos; y mientras me decía eso, me pregunté desde hacía cuánto los descuidabas tanto, pues yo sabía el amor que le profesabas, conocía de sobra el tiempo que le dedicabas a tu adorno de varón, práctico utensilio que te hacía lucir más guapo, el objeto usado para conquistar (me) y reconquistar (me).

despedida a un amor

Sabes, se sorprendió ante tu falta de caspa. Sabes, me sorprendí ante tu ausencia de caspa; digo, si las barbas ya van mal cuidadas, ¿por qué mantener la higiene en tu cabello? Ella aceptó que no se veía grasoso, sólo lo llevabas más largo a como se lo había descrito, mantenías los rizos mal definidos, mal peinados, característicos de ti; ondas moviéndose al ritmo de tu mala vibra y tu depresión.

Según la conversación sostenida con el insecto, sólo mantenías intactas tus manos. Grandes, amorfas, de uñas medianamente largas; con las venas marcadas por la primavera, llenas de tonalidades cálidas y húmedas, ricas y deliciosas porque les tocó ser así. Dice que estaban vacías de todo, pero no le creo, estoy seguro que siempre cargan pesares ajenos, problemas apropiados, tristezas infundadas y berrinches nunca resueltos; así eres tú, así vas encadenado a todo en tu vida.

despedida a un amor
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De ahí en fuera, suponemos que sigues igual de guapo. Más gordo eso sí, más encorvado también; con los años encima de ti, lleno de cansancio; pero eso sí, guapo por esencia y carestía; tu oficio tan bien desarrollado para satisfacer tus necesidades: Comidas gratis, bebidas pagadas por otros, transporte, libros, discos, ropa, zapatos y otras estrecheces en tu vida. No eres profesional del acompañamiento, no, no lo eres; sólo te desempeñas como alguien aprovechándose de las circunstancias y las personas.

“Pobre infeliz”, me dijo la mosca. “Pobre de mí”, me dije yo; por seguir usándote de inspiración, por sentir algo parecido al amor, por esta necesidad de querer verte y tenerte. Y ya que andamos hablando de ti, te confieso que he pensado en invitarte a comer, pero la verdad no lo hago, pues prefiero contratar algo que me dejé más satisfecho y sin el vacío de jamás poder amarte.

despedida a un amor
Ilustración de Álvaro Castro

El zumbante díptero siguió enumerando detalles; habló sobre a dónde fuiste y con quién te citaste; me platicó de lo hecho y no hecho entre ustedes; y finalmente, admitió quedarse con una sola decepción esa tarde, el no poder comer de aquel objeto en putrefacción que te acompañaba. De ahí en fuera comentó que fue un manjar verte, olerte y conocerte.

El insecto ha partido, chismoso animalito que hoy me habló de ti. Como resultado, escribo nuevamente sobre tu persona; sinceramente espero no me cobres por usarte de inspiración. Nuevamente agradezco todo, gracias por tu partida, pues sin ella, sólo escribiría sobre romances aburridos sin desgracias; gracias charango de ojos verdes, continúa así, sigue siendo fuente interminable de perdiciones propias y ajenas, y aunque no pienso pagarte, sólo dime para saciar mi curiosidad, ¿cuánto sería lo que te debo?

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Piernas de hombre para el calor y para el frío (aplican también para brincar charcos)

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