Tras haber sonsacado a mi pareja, juntado a unos amigos, ir al super por unas granadas y esperar a que se congelaran los hielos. Me di a la tarea de probar el efecto de la Michelada con magia de Juanga en mi cuerpo. El resultado fue el siguiente:

La magia de Juan Ga funciona de una forma muy curiosa. No invade tu cuerpo de una manera agresiva como otras bebidas. Se empieza a colar en tu sistema, siendo casi imperceptible.

El sabor del tequila a momentos fue nulo y predominaba el clamato con limón, Maggi y Cerveza. El inicio del hechizo de Juanga fue igual de suave que la voz del Divo de Juárez. A ratos los pedazos de granada que encontraban su camino a mi boca eran una explosión dulce y de frescura absoluta. Que le daban a la bebida una nota de espontaneidad a un poema cuya rima ya se tiene memorizada.

Foto borrosa por aquello de la magia haciendo efecto en mi sistema.
Foto borrosa por aquello de la magia haciendo efecto en mi sistema.

Pero entonces, la magia dio un giro inesperado y el tequila salió a relucir. El hechizo que había empezado de una manera sutil se volvió dominante. Y en poco tiempo mis neurotransmisores habían sido abrumados. La magia de Juanga había conquistado mi cuerpo. Y de la nada me encontraba moviéndome al ritmo de la música, que hasta ese momento había servido como un fondo a la platica.

Bajo la influencia mágica, buscaba reír a carcajadas, bailar y cantar cualquier canción que saliera de las bocinas del estéreo. La magia de Juanga me tornó en en una mini Diva que habría conquistado La Academia, American Idol y The Voice al mismo tiempo.

Al final, lo que yo pensaba que iba a ser una noche tranqui de degustación, terminó siendo todo lo contrario. Pero al final, esa es la consecuencia natural de jugar con la magia del Divo de Juárez.

PS. La cruda no es tan horrible.

Pueden ver la receta de la Michelada Juanga por aquí

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Andrea es una Potterhead de corazón, Shadowhunter de fin de semana y Lady Sith cuando la hacen enojar.
Es una entusiasta de la vida sana pero los fines y puentes come cosas gordas sin que nadie lo sepa. Le gusta hacer yoga, meditar y leer el Tarot de vez en cuando. Su placer culpable favorito son las paletas de horchata de la zona azul (en la republica hermana de Satélite).
Tiene más libros que sentimientos y su palabra favorita es: furthermore.
Empezó a escribir cuando JK Rowling se tardó la vida en sacar la quinta parte de HP y lleva desde la prepa trabajando en una novela.
Es fiel creyente de la magia, el destino y la energía. Ama el sol, los animales y las suculentas. Comparte custodia de dos bellos gatos y tiene un aceite esencial para cualquier mal del cuerpo.
A diferencia de muchas personas, su Patronus es un perro y no un salmón.