Elizabeth Jane Cochran no es sólo la primera periodista encubierta del mundo. Es también el ejemplo de millones de mujeres que están hartas de recibir opiniones no solicitadas sobre sus capacidades intelectuales, físicas y emocionales.

Su vida y su obra son un impulso vivificador para la lucha por la igualdad de género. Veamos quién fue esta extraordinaria mujer:

 

Una chica común

Sus padres eran campesinos y, aunque eran propietarios de extensas hectáreas de tierra, la opulencia no formó parte de sus primeros años.

Elizabeth Jane Cochran

Comenzó a estudiar en un internado. Sin embargo, justo la falta de recursos económicos la obligó a abandonarlo . Más tarde, por una maravillosa y afortunada coincidencia, entró al mundo del periodismo.

 

“¿Para qué sirven las chicas?”

Resulta que mandó una carta al editor de Pittsburgh Dispatch en respuesta a un artículo llamado “What are girls good for?” (“¿Para qué sirven las chicas?”).  Su increíble estilo y la fuerza enérgica de sus palabras, motivaron a este a invitarla a colaborar en el diario. En ese entonces, las escritoras solían usar pseudónimos al firmar sus artículos por lo que se le dio un sobrenombre con el que se le conocería por la posteridad: “Nellie Bly”.

Por desfortuna, los problemas no se hicieron esperar: mientras “Bly” quería hablar sobre la explotación laboral que sufrían las mujeres en las fábricas estadounidenses, el medio le ordenaba silenciar esos temas y le mandaba escribir en las secciones de jardinería, belleza y moda.

 

Viaje a México

Harta de esos superficiales temas, viajó a México como corresponsal. Ya en el país,  comenzó a escribir sobre la situación social y laboral. El espíritu de justicia  filantropía de Jane la llevaron a redactar variados artículos sobre la realidad mexicana. Así, dio vida al libro “Seis meses en México”. Como era de esperarse, esto alertó al gobierno de Porfirio Díaz y la joven escritora pronto tuvo que abandonar el país.

 

10 días en el manicomio

El episodio que llevó a la fama fue el internarse en un hospital psiquiátrico con la intención de sacar a la luz pública los abusos que se vivían en el lugar. Además de un innato talento histriónico, necesitó un enorme valor de internarse por 10 días en este lugar.

Después de ensayar por horas, rentó una habitación  en una pensión. Frente a los dueños del lugar comenzó a hacer cosas extrañisimas, lo que los convenció de que estaba completamente desquiciada.   Así, fue internada en el Asilo de Mujeres Dementes de la Isla de Blackwell.

En “Ten Days in a Mad-House”, el libro que resultó de esta peculiar investigación, podemos leer:

 

“A pesar de estar consciente de mi propia sanidad y de la certeza de que sería liberada en un par de días, mi corazón dio una breve punzada. ¡Declarada una loca por dos médicos expertos y encerrada tras los inclementes barrotes y candados de un manicomio! Y no estaría encerrada a solas, en compañía, día y noche, del parloteo y sinsentido de unas lunáticas; dormir con ellas, comer con ellas y ser considerada una de ellas era una situación incómoda”.

El éxito que le trajo este prodigioso estudio, ayudó a mejorar las condiciones de los centros de atención psiquiátrica.

 

 

Viaje al mundo en 80 días

 

Amante de abandonar los lugares comunes del periodismo, en 1888 se le ocurre sugerirle a su editor de New York World hace un viaje por todo el mundo en 80 días (tal como la ficción de Verne). Las autoridades del diario aceptaron y un año después hizo un recorrido mundial .

Sin embargo, lo logró en sólo 72, siendo la única mujer en recorrer toda la circunferencia del planeta en tan poco tiempo.. Durante su recorrido, conoció a Julio Verne, quien quedó asombrado con su vivacidad y energía.

Fin de la vida

Tras casarse con un hombre 40 años más grande que ella, asumió la presidencia del Iron Clad Manufacturing Co, una empresa industrial. Abandonó el periodismo y se dedicó a los negocios. No obstante,  las cosas no resultaron como esperaba y a los pocos años regresó a su verdadera vocación: al periodismo.

Elizabeth jamás abandonó las causas sociales. Incluso, estuvo en las coberturas de la Convención por el sufragio femenino y fue una de las primeras corresponsales en la Primera Guerra Mundial.

 

Lamentablemente, murió a los 57 años en  Nueva York a causa de una neumonía.

Salir de los lugares comunes; desafiar los límites y atreverse a mandar al diablo los prejuicios de un mundo entero, son algunas de las lecciones que podemos aprender de la pionera en el periodismo femenino.

 

Fuentes:

El barrio antiguo

Nexos 

Universia

 

Quizá Shakespeare te puso el nombre

Comentarios