Elogio a la mujer mexicana

¿Qué es la belleza?, pregunta la mujer a las páginas de una revista. Le devuelve la mirada una modelo que, estática, no se sale del marco; es la mirada vacía de una seducción expuesta sin descanso, mientras la sensibilidad de las mujeres de carne y hueso vive oculta, desconocida, casi avergonzada.

Fuertes o frágiles, melancólicas o risueñas, jóvenes o viejas, la mujeres no son algo que se pueda definir, ni reducir a una idea fija (estamos hartas de prejuicios), como sucede con todo lo humano. Entenderlas es mirarlas de frente, conocer sus historias cotidianas y muchas veces silenciosas, captar sus gestos fugaces como el espacio que recorren y que las recorre incansablemente.

¿Cómo sería un elogio a la mujer mexicana? Tendriamos que callar por respeto a todas esas voces silenciadas por la violencia, la impunidad, la incomprensión y la falta de acciones para hacer que todo cambie. No sería un elogio superfluo lleno de clichés, sería más bien una especie de carta para pedir perdón.

Como la poesía, la fotografía de calle no busca respuestas; trata de captar el misterio de algo que irremediablemente se escapa. Al empaparnos del universo femenino, inabarcable, lleno de vida y movimiento continuo, la imagen puede conducirnos a un entendimiento profundo de las muchas posibilidades de ser y estar en el mundo, y tal vez la belleza es eso, y nada más.

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