Emily Dickinson es considerada como una de las escritoras estadounidenses más importantes de la Historia. Su obra era tan poco convencional como ella misma; la puntuación, el ritmo y hasta los títulos de sus poemas eran, la mayoría de las veces, de un estilo propio y original. 

 

Emily Dickinson

Esa genialidad le valió ser considerada una de las mentes más brillantes de la poesía y superar el  prestigio de autores como Walt Whitman, Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau, Charlotte Brontë y Elizabeth Barrett Browning.

Pero Emily no era una escritora para los demás, sino que era poeta para sí misma. A lo largo de su vida publicó apenas una docena de trabajos y fue hasta después de su muerte cuando su hermana se encargó de dar a conocer su obra.

El siglo XIX la vio nacer el 10 de diciembre de 1830. Era una mujer “rara” pues casi no salía de su casa ni tenía muchos amigos. De hecho,  nació y murió en el mismo lugar: Amherst, Massachusetts. Su familia era puritana. Era claro que ella heredaría cierto carácter y una actitud reservada ante la vida.

Así, sobre los aspectos privados de su biografía sabemos muy poco. Sin embargo, sus poemas son una ventana perfecta para poder conocerla desde cerca, muy cerca. Aquí algunos:

 

 

Bueno es soñar. Despertar es mejor…

Bueno es soñar. Despertar es mejor si se despierta en la mañana.
Si despertamos a la media noche,
es mejor soñar con el alba.

Más dulce el figurado petirrojo
que nunca alegró el árbol,
que enfrentarse a la solidez de un alba
que no conduce a día alguno.

Coloquio

Había muerto yo por la Belleza;

me cercaban silencio y soledad,

cuando dejaron cerca de mi huesa

a alguno que murió por la Verdad.

En el suave coloquio que entablamos,

vecinos en la lúgubre heredad,

me dijo y comprendí: Somos hermanos

una son la Belleza y la Verdad.

Y así, bajo la noche, tras la piedra,

dialogó nuestra diáfana hermandad

hasta que el rostro nos cubrió la yedra

y los nombres borró la eternidad.

Morir no duele mucho…

Morir no duele mucho:

nos duele más la vida.

Pero el morir es cosa diferente,

tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros

antes que el hielo venga,

van a un clima mejor. Nosotros somos

pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,

que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve

piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.

 

Podría estar más sola sin mi soledad…

Podría estar más sola sin mi soledad,

tan habituada estoy a mi destino,

tal vez la otra paz,

podría interrumpir la oscuridad

y llenar el pequeño cuarto,

demasiado exiguo en su medida

para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,

podría entrometerse en su dulce ostentación,

violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,

que conquistar mi azul península,

perecer de deleite.

 

Él era débil y yo era fuerte…

 

Él era débil y yo era fuerte,

después él dejó que yo le hiciera pasar

y entonces yo era débil y él era fuerte,

y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,

tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,

no había ruido, él no dijo nada,

y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,

ahora ninguno de los dos era más fuerte,

él luchó, yo también luché,

¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

 

En estos breves versos descubrimos un hermoso despliegue de sensibilidad y franqueza: se trata de una especie de dulzura mezclada con una pizca de nostalgia y tristeza.

Esta escritora es una muestra más del potencial femenino siempre presente en las letras universales. Además, de la importancia que tiene reconocer a los genios escritores en vida, no sólo de manera postrera. 

Fuentes.

A media voz 

El País

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