Dirigida por Brad Bird en 1999, El Gigante de Hierro es una de esas cintas que siempre será incluida en nuestra lista de películas favoritas.

El Gigante de Hierro nos hace recordar grandes episodios de nuestra infancia, cuando nos sentábamos frente al televisor para ser sorprendidos con una historia llena de emociones.

Por eso hemos querido presentarte algunos datos que vuelven mágica a esta película:

¿De qué trata?

“En 1957, en la pequeña localidad de Rockwell, alguien ha visto cómo un enorme hombre metálico caía al mar. Un imaginativo niño descubre que se trata de un robot gigante, cuyo apetito de metal es insaciable. Entre ambos nace una fuerte amistad, pero el gobierno envía a un agente para investigar los hechos. El niño esconde a su nuevo compañero en la chatarrería de un amigo. Pero los habitantes del pueblo comienzan a sentirse aterrados porque creen que es una nueva amenaza en plena Guerra Fría…” (FILMAFFINITY)

El encuentro con un extraño

Cuando Hogarth descubre que un gigante ha caído desde el espacio, su acercamiento a un extraño le hace comprender que ha encontrado a un amigo.

Todos somos Hogarth

Hogarth se parece a nuestro niño interior. Representa la curiosidad que nos movía a buscar aventuras y la ingenuidad ante los eventos más graves.

Annie

Annie es madre soltera de un niño con muchas inquietudes. Ella posee virtudes de perseverancia que nos recuerdan a algunas figuras de autoridad en nuestras familias.

El libro que todos quisimos

La cinta está basada en la novela del mismo nombre escrita por Ted Hughes, es por eso que Annie y Hogarth llevan ese mismo apellido.

La Guerra Fría

Desde la novela hasta la película, El Gigante de Hierro se ubica en el contexto de la Guerra Fría. Cuando veíamos la película, no sabíamos que también estábamos aprendiendo un poco de historia.

No soy un arma

La reflexión sobre el uso de las armas es un tema recurrente en la cinematografía estadounidenses. El discurso se iguala con la manera en que los hombres son llevados a la guerra para combatir por causas ambiciosas.

 

Un gigante… ¿vegetariano?

Nuestro amigo no come seres vivos, se contenta con un motón de metales. Tal vez eso no lo vuelve vegetariano, pero nos hace pensar en el valor de la vida.

 

Un nudo en la garganta

Tú quédate; yo voy.

¡Superman!

Y definitivamente este es nuestro momento favorito. Nos hará llorar siempre.

La esperanza en un tornillo:

¿Cuál es tu momento favorito?

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