“Que los mexicanos pueden perder la cabeza si ofendes a su madre”. Es un comentario que aparece en repetidas ocasiones entre los extranjeros que visitan el país de las voces prehispánicas.

Y después de todo, ¿por qué no habría de generar molestia el hecho de que alguien ofenda a un ser querido? Se necesitaría perder la condición humana para que tal situación se presentara. La historia del amor por las madres es simple, estereotipada, se cuenta con una rapidez que sonroja a los más escépticos. Y no hace falta señalar más el asunto.

Pero existe otro amor que genera grandes debates, discusiones sin fin y conflictos carentes de sentido: el fervor por la Virgen de Guadalupe.

¿De Tonantzin a Guadalupe?

 

virgen de guadalupe

El 12 de diciembre de cada año, millones de peregrinos provenientes de distintas regiones de México recorren las principales vías del país a bordo de bicicletas, camiones, autobuses, caballos o simplemente a pie para llegar hasta la Ciudad de México a su encuentro con la Virgen de Guadalupe.

Entre el alboroto que provoca su aparición en las carreteras, no son pocas las personas que lanzan comentarios en contra de los visitantes. En un arrebato de furia, se les llama “cochinos” por la cantidad de basura que generan a su paso; se les llama “estorbos” por el retraso que provocan en el tránsito de vehículos; se les llama “inconscientes” por la cantidad de cuetes que queman a su paso… Y la lista continúa, mezclando tales adjetivos con su fe por la “madre de todos”.

Nos equivocamos al juzgar

Alguien grita: “la virgen de Guadalupe no existe”

No será difícil encontrar en los blogs de noticias, videos de YouTube y post de Facebook, investigaciones sobre la “no existencia de la Virgen de Guadalupe”. Con palabras rimbombantes y tonos alarmistas, se hará mención del “engaño” del que todos hemos sido víctimas.

Y como si se tratara de la revelación más audaz del mundo, provocarán el enojo, la irá, la risa y los aplausos de muchas personas. Cada quien mirando desde su perspectiva.

Pero sin darnos cuenta, nos convertimos en parte del mismo chiste; pues, por qué no decir que todo se basa en un sistema de realidades imaginadas: mitos, instituciones, poderes fácticos, religiones, dinero… Que todo es parte del mismo cuento que hemos inventado, justo como señala el historiador Yuval Noah Harari.

En tal caso, sería mejor, de una vez por todas, renunciar a Jesús, a Buda, a Mahoma, a Jehová…; alejarse de la creencia del propio dominio de la mente; rechazar a las instituciones; quemar a las grandes corporaciones; eliminar nuestra fe en el sistema económico. Pues tampoco eso existe; todo funciona gracias a la confianza que depositamos en ello.

Porque el ánimo de desmentir la existencia de la Virgen de Guadalupe no tiene que ver con el deseo de ayudar a las personas a superar sus propios límites en materia intelectual (lo que sea que eso quiera decir), sino que representa un reflejo de nuestros propios prejuicios, estigmas y, por supuesto, limitaciones al presumir otra “inteligencia”.

¿No sería sensato, entonces, al desmentir a los “creyentes”, rechazar al mismo tiempo toda especie de celebraciones religiosas: Navidad, Año Nuevo, San Valentín, Semana Santa… por mencionar sólo algunas? Todo forma parte de un sistema de creencias que ha sido implantado a lo largo de la historia a través de múltiples métodos que responden a una evolución más bien accidentada.

Es cierto que la imagen de Virgen representa un proceso de cimentación ideológica que podría ser analizado desde diferentes disciplinas. Y que por muchas razones no debería ser venerada por un grupo de personas que invierten energía, tiempo y recursos en alabarle, pero qué derecho tenemos de inmiscuirnos en los pasos que la gente emprende en su búsqueda de la felicidad.

El mito

virgen de guadalupe

El 12 de diciembre de 1325 es una de las fecha en las que se piensa pudo haberse fundado Tenochtitlan, aunque es arriesgado señalar que se trata de un dato exacto. Recordarán la leyenda de Aztlan, el águila sobre el nopal y todas esas cosas que constituyen otro mito.

Por otra parte, el 12 de diciembre de 1531, la leyenda cuenta que Juan Diego presenció la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac.

La verosimilitud de ambos hechos importa poco cuando entendemos que todas nuestras realidades son constructos.

De modo que abogar por la no existencia de la Virgen de Guadalupe no nos hace más inteligentes, sino menos comprensivos con nuestras propias realidades e historia. Sin importar que seamos creyentes o no.

Una frase de Benito Juárez nos recuerda: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

El mito, la fe y la intolerancia no deberían ser parte de la misma oración. Los peregrinos llegan y ofrecen “sacrificios” que representan todo un sistema de creencias. Ellos merecen respeto. Los citadinos no creyentes aprenden a convivir  y exigen el mismo respeto que ofrecen. Ellos también merecen comprensión.

Así se juega mejor; con un poco de coherencia y tolerancia. 

¿Ustedes qué opinan?

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