Infelicidad. Hay días en los que todo se va a la mierda. No importa cuánto te hayas esforzado; a veces las cosas salen una y otra vez mal. Entonces llega la sensación de odio. Detestas a la gente, detestas a la ciudad, incluso llegas a detestar quien eres. Pero tranquilo existe el lado bueno de la Infelicidad.

 

Si alguien se entera de tu sentir, lo primero que tratará de decirte es que “debes ver el lado positivo de las cosas”. A lo que tú responderás con un “no me chinguen”. Y es que, la verdad, nadie entiende tan bien como tú el momento por el que estás pasando.

Lo importante es que sepas que los estados emocionales tienen una razón de ser. Si, por ejemplo, te sientes triste, es tu cerebro el que te manda señales de alarma. Algo así como un “güey, las cosas no andan bien, tenemos que hacer algo”.

Y no, no tienes que recurrir a esa actitud optimista bonachona que tanto les mama a los posers en Instagram o Facebook. Sí, esos que suben su foto con una sonrisa de oreja a oreja más falsa que las noticias oficiales de este país, acompañada de frases como “Inicia tu día con una gran carcajada” o  “cada día es una oportunidad para ser mejor”

Tampoco se trata de creerse la víctima del fucking mundo. Todos, en algún momento, pasamos por diferentes tipos de crisis. Lo ideal es aprender de ellas; no tratar de evitar la realidad. El anhelo por la felicidad debe ser un motivante saludable, nunca un camino hacia la frustración.

Aprender a reconocer nuestras emociones es una tarea que nos permitirá crecer como individuos. Y sí, después de esto seguirá habiendo días en los que las cosas volverán a salir mal; sin embargo, seguramente tendrás mejores herramientas para hacerle frente a la vida.

La felicidad en el cerebro o proteína de miosina arrastrando una endorfina.
La felicidad en el cerebro o proteína de       miosina arrastrando una endorfina.

Recuerda el fragmento del poema de Leonard Cohen: “hay una grieta en todo, así es como entra la luz”.

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