“Las noticias del desorden, desolación y el franco terror continuaron filtrándose a la prensa. Pronto los periodistas se referían a La Castañeda como una colonia penal donde los enfermeros castigaban a los enfermos con garrotes, y los empleados comerciaban con sustancias ilegales como tabaco y alcohol”,  Cristina Rivera Garza.

Crueldad a puerta cerrada

La Castañeda

Los periodistas reportaron asesinatos, mismos que fueron negados. Reportaron la escasez de camas en el área de mujeres epilépticas, varias tenían que dormir en una misma cama. Los salones y el comedor carecían de mesas y sillas por lo que los internos se sentaban en el piso. La Castañeda “es un sitio de terror donde los empleados maltratan a los infortunados internos de maneras increíbles y odiosas”, relata Rivera Garza en su libro La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General

La Castañeda se convirtió no sólo en una estancia para quienes padecían locura, se convirtió también en un espacio que albergaba reclusos, por lo que gente con problemas de violencia convivía con enfermos mentales, de ahí que se cometieran violaciones y asesinatos que, de manera constante, se negaban. Internaron prostitutas, y los epilépticos eran considerados locos.

Estela, una de las internas, nunca olvidó quién la llevó al manicomio. Su discapacidad jamás le permitió entender por qué su tía había preferido llevarla a La Castañeda en lugar de regresarla a su casa como era costumbre. Estela tampoco olvidó a sus hermanos, siempre habló de ellos con mucha ternura y también se refirió a su tía como la bruja que la separó de su familia. Estela también era sorda. Quién pensaría, hoy, que tener cualquier tipo de discapacidad era un sinónimo de locura y urgencia de abandono.

Sólo los libros conservan la memoria

La Castañeda

Hace algunos años salió el primer reportaje sobre algunas de las historias que, por azares del destino, y porque las busqué, llegaron a mí. Recorrí sin suerte varias librerías de viejo en búsqueda de algún libro sobre La Castañeda, en una de ellas me encontré con Jaime Hernández, dueño de una de las tantas librerías de viejo que hay sobre Álvaro Obregón.

Cuando pregunté por algún libro que hablara sobre el manicomio, Jaime,  a cambio de un título, me contó su historia: él es quien se saltaba la barda en búsqueda de ratones, él es a quien uno de los locos le lamió el cachete, él es quien recuerda la barda del manicomio tan alta como las expectativas e imaginación de un niño de siete años.

Le pedí que me contara otras anécdotas, pero no hay más en su memoria. Ni hay personas cercanas a él que aún vivan para platicarlas. No tuve más éxito en ninguna librería de la zona y entonces recordé los libros viejos de mi abuelo.

La construcción del manicomio

La Castañeda

Las familias en la época del manicomio y específicamente las familias de Mixcoac acostumbraban a tener muchos hijos. Jorge Luis Castillo Tufiño, autor de Antes, Mixcoac, relata que había gran mortalidad por enfermedades gastrointestinales y epidemias. También en ese entonces el luto duraba un año y se velaba a los muertos en las casas. “Las mujeres usaban medias y los hombres camisas de cuello redondo”.

Y en una época de oro, había que mantener cierto nivel entre la población, la imagen importaba. La Castañeda supuestamente funcionaría como un recinto donde se trataría la locura como lo hacían en Estados Unidos y Europa. Por supuesto, eran el modelo a seguir, sería un espacio que mantendría alejados a los pobres de una ciudad que debía mantenerse al nivel.

Nunca tuvieron el interés de que La Castañeda se mantuviera aislada, estaba a media hora en tranvía de Mixcoac, y esta facilidad para llegar hacía que las visitas de familiares, si es que había, y las provisiones medicinales llegaran sin mayor complicación. Esta cercanía del manicomio con la ciudad hacía que de vez en vez se viera por las calles a uno que otro loco vestido de blanco, algunos eran hábiles escapistas sin un lugar al cual llegar.

Los pacientes de la Castañeda

La Castañeda

 

Pedro era experto en árboles. Vestía con un overol azul con un número marcado en su espalda; Héctor, era un niño que tenia permiso para pasearse por los pasillos y entrar al cine al que no todos los enfermos mentales podían. ¿Quién era Héctor? Nada más y nada menos que el hijo del jefe de admisión a la Castañeda. Ahí estaban, Pedro y Héctor hablando sobre los árboles que rodeaban La Castañeda.

Pedro hablaba de una manera tan apasionada sobre los árboles y tenía una forma tan precisa de explicar por qué unos son más frondosos que otros, que Héctor le creía, y no sólo eso sino que esperaba más explicaciones al respecto. Sin embargo, después de un tiempo, Pedro empezaba con el tic que lo caracterizaba como un enfermo mental. Se metía el dedo a la boca y con saliva rodeaba su muñeca mientras decía “no la doy”. Héctor se preguntaba cómo un hombre que hablaba de una manera tan clara, en un instante, perdía toda cordura.

Juanito también era un caso de atención ante los andares de Héctor. Juanito siempre decía ser millonario y gozaba de hacérselo saber a quien pudiera, no sin antes preguntarle a los enfermos, enfermeros o visitas ¿cuánto dinero crees que tengo? “Mucho”, les respondía Héctor. ¡Tengo más de tres trillones de pesos!, por lo que mi familia, por envidia y para quitármelo, me ha encerrado aquí.

La modernidad que nunca llegó

Una oportunidad de modernidad en la psiquiatría mexicana se convirtió en uno de los acontecimientos más penosos de la época; el manicomio no sólo no fue uno de los mejores establecimientos médicos para tratar la locura, sino que con el paso de los años “las autoridades y los psiquiatras lucharon incesantemente con los problemas de siempre: sobrepoblación, falta de recursos y, con el tiempo, la indiferencia social”, afirma Rivera Garza en su libro.

Continuará…

Fuentes consultadas:

RIVERA Garza, Cristina. La Castañeda. Narrativas dolientes desde el 
Manicomio General. México 1910-1930, México, Tusquets, 2010, 328 pp.

CASTILLO Tufiño, Jorge Luis. Entonces, Mixcoac, México, 
Consejo de la crónica de la Ciudad de México, 2004, 279 pp.

Trabajan en documental sobre el manicomio 'La Castañeda'. Excélsior, 
México, D.F., 3 de noviembre de 2013.
http://www.excelsior.com.mx/nacional/2013/11/03/926711

Parte 1: “Las Puertas del Infierno”: Historias del manicomio de la Castañeda

“Las puertas del infierno”: Historias del manicomio de la Castañeda

 

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