Manifiesto

A Mathias Goeritz 

La inspiración

 

Quiero que un berrinche sea eso, un berrinche; que unas ganas de llorar sean eso, unas putas ganas de llorar. Estoy harto de dar una explicación lógica a cada sentir, de dar un razonamiento y un análisis profundo a cada sensación humana pasada por la cabeza y el corazón. No quiero encontrar lógica alguna en las casualidades cotidianas; no quiero una definición científica ni social a la sonrisa repentinamente ofrecida; ni buscar los motivos de la tristeza llegando una tarde de domingo. Quiero sentir, disfrutar, ser pleno; sentirme humano manifestando todas las gamas que implica serlo ¡A la mierda la mentira conocida como superación personal!

Les juro; no siempre la manera de estar sentado significa algo más allá de querer estar sentado; les aseguro que la dirección señalada por los pies, no siempre demuestra interés; la mayor parte del tiempo se trata de incomodidad por el asiento, o el no haber encontrado un hueco agradable para las nalgas. Tener los brazos cruzados no significa estar construyendo una barrera entre “los todos” y “el uno”, posiblemente sólo haga frío y esa sea la mejor manera de arroparse.

Estoy harto. Estoy hasta la madre de tanta pinche explicación sin sentido y a la que no quiero recurrir; entiendan señores y señoras, no todo es un padecimiento psicológico causado por el post-post-modernismo y el estrés de habitar en una época como esta; más bien creo es el resultado de querer encasillar y explicar todo, pues no todo tiene una perra explicación. Miro a la luna y no veo que se cuestione su andar por el universo junto a un compañero como la tierra.

Sí, mi nombre tiene un significado, pero no es la definición de lo que soy; sólo el reflejo de dos almas amándose y nombrando el producto de esa bella sensación. Sí, tengo una fecha de nacimiento, pero eso no define mi comportamiento con base a la predicción del horóscopo asignado; podrá quizás predecir el pretexto perfecto para ponerme una buena borrachera; o ser sólo una fecha como otras más; una como todas, inventada para contar el tiempo del hombre, no de la eternidad.

Estoy harto de definir el amor. Estoy harto de ser llamado heterosexual por degustar de los sabores de una bella dama. Estoy harto de ser llamado puto por disfrutar una rica verga. Estoy harto de que la gente no entienda que somos humanos, y que como tales animalitos descendientes de los simios, nos seguiremos comportando como ellos: curioseando, probando, mirando aquello que nos gusta sin importar qué sea. ¿Por qué tanto pinche problema en admirar la belleza de un hombre o una mujer? ¿Por qué tanto problema en querer disfrutar del placer de un hombre o una mujer?

Estoy enojado, emperrado, sin saber como nombrar esto que siento; pero está bien y es perfecto, al menos eso me hace saber lo vivo que estoy. Quiero que una canción no me defina. Quiero que una prenda que me gusta no me defina. Quiero que el sabor disfrutado de una comida no me defina. Quiero que las ganas de bailar lo que sea no me definan. Quiero que la poesía no me defina. Quiero que la definición misma no me defina.

¡A la mierda los límites del buen gusto!, ¡a la chingada los dictados de lo políticamente correcto! A esta vida se viene a respetar la vida, no a ser el hipócrita perfecto que busca caerle bien a todos por hablar bonito, por vestir adecuadamente, por usar tenedor y cuchara durante la cena, pues estén seguros, que si me gusta lo que como, no sólo meteré las manos, terminare con la nariz embarrada, el alma descansada y un gesto de agradecimiento por haber disfrutado de un delicioso platillo.

Estoy harto de la moda, de la belleza perfecta, del color adecuado, del peinado correcto… Me pondré lo que mis hinchados huevos digan y caminaré orgulloso con ello, disfrutaré de las telas pegadas a mi cuerpo, disfrutaré de compartir mi desnudez cuando lo decida, disfrutaré de recibir la desnudez regalada un sábado por la mañana después de haber comido chocolate viendo la mala película que todos disfrutan pero nadie acepta.

Hoy no quiero un estado del arte, no. Hoy no quiero un artículo científico, no. Hoy no quiero un texto para una revista especializada, no. Hoy no quiero un debate salido del turismo intelectual, no. Quiero que esto que siento esa eso: esto que siento. Quiero la libertad para sentirme triste sin que nadie me dé un puto consejo; quiero la libertad de estar feliz sin que haya una explicación de fondo; quiero la libertad de sentirme especial estando sólo; quiero la libertad de dormir con doscientos osos de peluche sin que nadie me tache de nada.

Quiero beber café de mi taza favorita, no de aquella que me da estatus. Quiero pintar sin seguir ninguna regla impuesta por el absurdo arte contemporáneo. Quiero mirar una obra de arte conceptual y decir que es lo más estúpido que he visto, criticar el rebuscado significado que al final de todo, no llega a nada. Quiero la libertad de decir que no entiendo esto y aquello, quiero la libertad de no tener idea absoluta de lo que es tendencia por todos lados, quiero leer el libro que se me antoje y no el mejor vendido que ofrecen como la culminación de la intelectualidad humana.

Quiero leer el poema escrito por un corazón roto. Quiero escuchar la historia del anciano que jamás aprendió a leer y escribir, quiero conocer los sueños que la noche tiene cuando duerme; quiero sentirme humano, manifiesto que quiero ser humano, que estoy harto de todo, del mundo, de la moda, de la sociedad, de los significados, de las explicaciones, harto de todo lo que hemos construido para poder nombrarnos humanos. Manifiesto esto y todo; manifiesto esto y nada; manifiesto lo harto que me siento y lo bien que respiro por mandar todo a la chingada. He dicho

La última y te olvido

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