En América Latina desde muy jóvenes estamos expuestos a los términos drogas, narcos, cocaína o mariguana. Conocemos muchas de las formas más ingeniosas de consumirlas, pero sin duda ni a Pablo Escobar se le hubiera ocurrido tratar con miel alucinógena de los Himalayas.

Para encontrar este tipo de miel tenemos que viajar poco más de catorce mil kilómetros hasta Nepal. Lugar donde se encuentra el pueblo Gurung, en su mayoría budistas aún conservan muchas tradiciones ancestrales dentro de las cuales una en particular se centra en la recolección de miel a las faldas de los Himalayas.

En esta parte del hemisferio norte existe la abeja melífera más grande del mundo, conocida como Apis dorsata o abeja gigante asiática. Estas colocan sus panales a las orillas de los acantilados lo cual agrega más dificultad para los cazadores. Asimismo obtienen el polen de las flores del rododendro que se conoce por tener una toxina llamada grayanotoxina que en grandes cantidades puede causar un paro cardiorrespiratorio.

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Recolectan la miel a inicios de la primavera cuando se supone que la miel es menos tóxica. Con ella tratan problemas como reumas, artritis e inclusive es considerada un afrodisíaco. Utilizan cuerdas hechas con bambú para descender en acantilados que superan varios cientos de metros, para las abejas utilizan humo y una máscara improvisada.

La miel que los Gurungs obtienen se puede comparar con el efecto de los hongos alucinógenos tan bien conocidos en México. Dentro de los efectos que encontramos el aumento de la presión arterial, del ritmo cardíaco y un aumento considerable en todos los sentidos. Psicológicamente esto puede producir alucinaciones, un flujo muy rápido de ideas y estados eufóricos.

La primera aparición de esta droga en occidente se tiene registrada por los griegos y fue utilizada como arma en su contra, ya que los soldados no podían permanecer en pie por los efectos de esta miel alucinógena. Ya sea de forma medicinal, recreativa o como arma, esta miel es toda una tradición que difícilmente desaparecerá.

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