El delito de Wilde fue enamorarse de su más grande fan: Alfred Douglas, “Bosie”. La historia de ambos pudo ser la más grande anécdota de amor, pero la sociedad parisiense victoriana condenaba la homosexualidad. Y al parecer hoy en día lo sigue haciendo.

“Bosie” leyó 19 veces una de las obras de Wilde, y cuando éste se enteró de la hazaña,  cayó enamorado del joven que resaltaba por su gran belleza.

Oscar Wilde: el amor que lo llevó a la cárcel
El amor de sus fans

Lo malo es que el padre de “Bosie”, un tal Marqués de Queensberry, comenzó a sospechar de la relación que mantenían su hijo y Wilde, así que les prohibió verse con la amenaza de acudir a las autoridades: “copelas o cuello”, o algo así.

Pero el amor todo lo puede. Awwwww. Y ellos continuaron su aventura; sin embargo, don Marqués de Queensberry consiguió que arrestaran a Wilde. Y ahí todo se descompuso.

Oscar Wilde: el amor que lo llevó a la cárcel
El pleito por el amor

El autor de El Retrato de Dorian Gray fue juzgado por el delito de sodomía y el castigo público fue peor que la condena de dos años a la que fue sentenciado. Con decirles que hasta su propio abogado le retiró su apoyo.

¿Qué pasó con “Bosie”? ¡Desapareció! Los rumores apuntan a que sólo utilizaba a Wilde para causarle molestias a su padre. De modo que nuestro autor estuvo enamorado de una ilusión, una mentira, una vil falsedad…

Wilde se refugió en la bebida y sólo tres años después de salir de prisión, falleció, cuando contaba con 46 años.

Oscar Wilde: el amor que lo llevó a la cárcel
Prisión de Reading

Dicen que la soledad es una de las más grandes torturas. “Bosie” se fue (malditos hombres), su esposa se cambió de nombre y se marchó (malditas mujeres), junto a sus dos hijos (ingratos) a quienes también le cambió los nombres.

La prisión donde cubrió su condena, Reading, se ha convertido en un espacio para la exhibición de arte. Es curioso saber que ahí alguna vez se castigó a un hombre por el simple hecho de enamorarse en un momento equivocado.

Wilde escribió una carta para su gran amor, quien nunca pudo leerla. Ese texto recibe el nombre de De Profundis.

Y así lo recordamos
Y así lo recordamos

 

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