Lo mismo lo encuentras en el mercado de Sonora que en un pueblo mágico al noreste del país, sólo hay que saber a quién dirigirse. A la Ciudad de México llega por encargo, dicen, pero la realidad es que debes saber moverte, ser discreto o lanzar una oferta tentadora al vendedor. Entonces, sí, todo parece más fácil de encontrar.

“Manejamos de todo, depende de lo que el cliente pida, pero siempre encuentras variedad. A nosotros casi no nos cuesta, pero el riesgo es que te cachen en la movida, por eso los precios pueden ser altos. El peyote lo piden más los chavitos, pero yo no le entro, no me llama la atención”.

Comenta  Porfirio (nombre asignado porque él prefirió conservar el anonimato), quien es transportista de productos naturales desde el Estado de méxico.

“Una vez, un conocido lo probó por aquí (se refiere al municipio de Texcoco). Y pega recio. Tuvimos que amarrarlo a un árbol porque no había forma de controlarlo. Se echaba a caminar y luego qué tal que no lo encontrábamos”.

Peyote
Simon’s Blog

Más allá de los turistas

Cada año llegan miles de visitantes a la región de Wirikuta en Real de Catorce,  San Luis Potosí, pero existen otros sitios donde la costumbre es similar; por ejemplo, con los huicholes en la sierra de Jalisco y los tarahumaras en la sierra de Chihuahua.

Sin embargo, el peyote trasciende la curiosidad de quienes lo consumen de manera superficial. Su venta es ilegal, y su manipulación sólo es permitida a ciertos miembros de algunas comunidades.

Porque, como señala Carlo Bonfiglio y Arturo Gutiérrez Ángel, investigadores de la UNAM y del Colegio de San Luis, respectivamente, el peyote posee un significado que lo puede elevar al grado de regenerador del alma.

Tiene sentido: casi todos los que han consumido Lophora Williamsii (nombre científico) hablan de un experiencia extrasensorial o más bien multisensorial en grados jamás experimentados. Por tanto, su papel en la construcción de símbolos se difunde con ímpetu.

 

Regenerador del alma

El peyote, conocido como hikuri por los huicholes o jíkuri por los tarahumaras, posee un valor potente al interior de las comunidades que lo protegen: regenerador del alma. Es esto lo que los investigadores encontraron a partir de las transformaciones simbólicas que éste crea.

Y es que su carácter curativo implica analizar todos los aspectos que hacen posible un viaje de conocimiento o de curación de enfermedades.

Mas no cualquier clase de enfermedad. Ellos se refieren a padecimientos que llegan desde las deidades o desde algún tipo de hechicería por descuidar las normas éticas ancestrales.

peyote
Jardinería On

Los 5 rumbos del universo

Por tanto, para llegar a la curación, se deba asumir un compromiso que implica ofrendas, sacrificios animales, ayunos, abstinencias sexuales y demás hazañas.

Si a pesar de esto, el mal persiste, se deben llevar ofrendas a los 5 rumbos del universo:

1) Wirikuta, en el desierto de Real de Catorce, San Luis Potosí

2) Haramara, en el océano Pacífico frente a San Blas, Nayarit.

3) Xapawiyemete, en la laguna del Alacrán, en Chapala, Jalisco.

4) Hauxamanaka, en el Cerro Gordo, Durango.

5) Tea’akata, al fondo de los profundos barrancos en el territorio huichol.

La experiencia con el peyote no es efímera ni mucho menos superficial; ofrece una perspectiva única e irrepetible: aprender a renunciar para crear luz. En este contexto, la luminosidad es una señal de salud.

Existen diferencias destacables entre el empleo del peyote dado por los huicholes y tarahumaras. Mientras para los primeros el proceso de sanación es comunal, para los segundos se trata de un sentido personal.

Pero ambos convergen en su búsqueda nocturna. Y entonces, con una gran revelación en el alma, se espera el amanecer, se espera la llegada del sol.

Fuente: BONFIGLIOLI, Cario  e  GUTIERREZ DEL ANGEL, Arturo. Peyote, enfermedad y regeneración de la vida entre huicholes y tarahumaras. Cuicuilco[online]. 2012, vol.19, n.53, pp.195-227. ISSN 0185-1659.

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