México es un pueblo gritón por excelencia. Primero, cuando quiere enfatizar su comunicación o para mostrar su enojo y valentía. Segundo, cuando quiere expresar dolor, nostalgia o tristeza, o todo al mismo tiempo. La combinación mas mexicana de todas estas emociones está cuando gritamos las rancheras.

Nosotros cantamos las rancheras a gritos

 las rancheras

Hasta ahora el mejor vehículo para acompañar estos ánimos es la canción ranchera, preferentemente a partir de José Alfredo Jiménez, arquetipo del enamorado decepcionado, traicionado, del que se sincera y llora, de rabia o pena.

La canción ranchera reúne valores de nacionalidad que nos aleja de lo urbano, de lo corrompido, del estruendo. Llevándonos así “al rancho”, a lo puro, a donde se era feliz entre la naturaleza, cuando éramos sencillos de corazón. Allá, al final, todos éramos “sanos”, alegres, atrevidos, fuertes y valientes. Por eso al son de las rancheras, el alarido retumba mejor, convirtiéndose en catarsis pura, pues como el mismo José Alfredo Jiménez dijo: “La canción es el mejor medio de limpiarme el alma”.

 

¿De dónde viene la palabra “gritar”?

 las rancheras

Quiritas era el nombre que los romanos daban a un pueblo que vivían en el monte Quirinal al este del Tíber. A partir del siglo III a.C. este pueblo pasó a formar parte de la sociedad romana convirtiéndose en gente influyente. De tal manera que hacía el siglo I a.C. existía una expresión de pedir “ayuda a los quiritas”, que con el tiempo se resumió en el verbo Quiritare, que a su vez pasó a significar “gritar por ayuda”, hasta llegar al critare durante la Edad Media y de ahí gritar.

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