Seguro les ha pasado, que en algún momento de la vida llegan a hacer el comentario de que se encuentran menstruando y no falta el chistoso que diga algo como: Yo no confío en algo que sangra durante 6 días y no se muere y solo sonreímos porque no sabemos cómo defender nuestras funciones corporales. Nuestra menstruación se lleva en secreto, se lleva en silencio.

Podremos alzar la voz y defender nuestros derechos, pero defender nuestras menstruas es algo que no sabemos hacer o no queremos hacer.

 

¿No es contradictorio? Los derechos son intangibles pero tu sangre es palpable y es lo que te hace ser mujer. Podremos pelear por lo que nos corresponde, pero alzar la voz por el mismo: jamás.

Es un nuevo milenio y la sangre que sale de nuestros adentros, la pitan azul en la televisión porque su rojo carmín es demasiado real y desagradable para la audiencia.

 

Somos mujeres y escondemos nuestros tampones y toallas a la hora de ir al baño para que nadie vea y nadie sepa. Exigimos respeto a nuestra vida mientras escondemos nuestra parte más natural y esencial que nos hace quienes somos.

Formamos parte de la generación con la mente más abierta, pero hablar con cariño de nuestra sangre es impensable para muchas. Nos amamos mujeres pero nos odiamos menstruando, sabiendo que esa sangre es esencial para nuestro género.

Somos mujeres y nos da asco nuestra menstruación, como si fuera algo de lo que tenemos que sentirnos avergonzadas, algo sucio, malo, como si no fuera natural.

Al día de hoy le llamamos Andrés. Nos baja la regla. La palabra menstruación suena dura y golpeada y se dice en salones de clase acompañado con risitas y entre voces calladas en grupos de amigas. A la fecha nuestros días solo son aquellos en los que sangramos. Mujer, todos los días del mes te pertenecen y son tuyos.

 

Si bien duele y es incomodo, muchas otras cosas que nos pasan a diario son más dolorosas e incómodas y no les tenemos el mismo desagrado. Nos tira en la cama y hace que no quieras hacer nada o ¿te da la oportunidad para darte el amor que día a día se te olvida que mereces?, de que te detengas, respires y descanses.

La cuestión no es que no te deje funcionar como ser humano, sino que no te deja funcionar como hombre y en el mundo de hoy eso significa fracaso.

 

Si al sexo opuesto le exiges respeto quizá sea prudente empezar por respetarte por completo a ti, con todo lo que eres, con la sangre entre tus piernas. Y a lo mejor, el día que nos amemos totalmente y no solamente las partes que consideramos convenientes, ese día nuestra lucha social cobrará fuerza y será más fácil.

 

Comentarios

Artículo anterior“La Llegada”, una película que respondió mis preguntas al tema del lenguaje.
Artículo siguienteComerciales que merecían un Óscar
Andrea es una Potterhead de corazón, Shadowhunter de fin de semana y Lady Sith cuando la hacen enojar. Es una entusiasta de la vida sana pero los fines y puentes come cosas gordas sin que nadie lo sepa. Le gusta hacer yoga, meditar y leer el Tarot de vez en cuando. Su placer culpable favorito son las paletas de horchata de la zona azul (en la republica hermana de Satélite). Tiene más libros que sentimientos y su palabra favorita es: furthermore. Empezó a escribir cuando JK Rowling se tardó la vida en sacar la quinta parte de HP y lleva desde la prepa trabajando en una novela. Es fiel creyente de la magia, el destino y la energía. Ama el sol, los animales y las suculentas. Comparte custodia de dos bellos gatos y tiene un aceite esencial para cualquier mal del cuerpo. A diferencia de muchas personas, su Patronus es un perro y no un salmón.