Este es uno de lo sitios más bellos que existieron en el mundo. Considerada como la octava maravilla natural del mundo, las Terrazas Blancas y Rosas de Nueva Zelanda podría haber sido localizadas de nuevo, luego de que desaparecieran por más de 130 años.

¿QUEEEEEEEEEEÉ?

Sí, las terrazas quedaron sepultadas por una supuesta erupción volcánica en 1886 que llegó desde el monte Tarawera, a un costado del lago Rotomahana. La belleza que poseían hacía que no pocas personas las consideran la octava maravilla natural del mundo.

Así pudieron haber lucido anteriormente:

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Pink and White Terraces (1886) by Charles Blomfield. Photograph: Alamy

Un boceto que nos recuerda a las piscinas naturales que existen en varios lugares de Asia.

Así luce actualmente el lugar donde se podrían encontrar:

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Lake Rotomahana in the North Island of New Zealand. Photograph- Jon Lovette:Getty Images

Después de todo, el lugar no ha sido “invadido” por el ser humano, de manera que el cambio después de todo este tiempo nos arroja otro paisaje muy agradable.

Se tiene conocimiento de las Terrazas gracias a la información que registró Ferdinand von Hochstetter, geólogo alemán, tiempo antes de que la tragedia ocurriera.

En ese entonces, no se tomaban la molestia de registrar con exactitud la ubicación de lugar, pero sí se sabe que era un sitio frecuentado por turistas de todo el mundo debido a su belleza espléndida, el color y temperatura del agua, y la tranquilidad que brindaban los paisajes.

Ahora, el Journal Society of New Zealand reporta para The Guardian que podrían haber hallado de nuevo este lugar que quedó perdido. Con ayuda de los diarios del geólogo y una serie de estudios, las terraza se encontrarían en la inmediaciones del lago Rotomahana, ocultas bajo 15 metros de tierras y cenizas volcánicas.

Este tipo de misterios siempre nos permiten cuestionarnos sobre lo que creemos conocer del mundo que habitamos, pues no dejarán de aparecer cosas que nos demostraran lo poco que en realidad sabemos de él. Después de 131 años de su desaparición, el reencuentro de las Terrazas nos ayuda a entender cómo cambia la “fisonomía” de nuestro planeta.

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