Ya los están poniendo guapos, presentables, dignos y hasta interesantes. Una manita de gato por aquí, un retoque por allá, y tanta ropa, tantos modelos, que no se puede empezar ni a elegir.

¿Cuál será este año? ¿El de las palomas? ¿eE de las uvas? ¿Precisa imitación de San Judas Tadeo? Se valen también las camisetas del equipo favorito, se vale vestirlos de cualquier profesión.

Se vale, se permiten, se necesitan los diseños más tradicionales, tan tradicionales que son un verdadero homenaje a las raíces prehispánicas. Pequeño Jesús vestido con penacho, maxtla y pies descalzos, intentando verse como los danzantes del templo mayor, intentando seguir con esa misión de juntar dos mundos, de verlos fusionados, adorando al que recién llegó, vestido de lo que encontró.

niños dios

El niño en la Rosa de Reyes

Los padrinos, afortunados propietarios de plásticos muñecos blancos. Sorpresa ingrata de la última comilona, panes recién horneados en memoria de los reyes visitantes, asistentes mágicos al pesebre: “te traje mirra, te traje oro, te traje incienso, te traje la responsabilidad de tener a tus espaldas una nueva religión, llena de viejas costumbres, de antiguos dioses que buscaban a un hijo”; una sola identidad para aquellos tiempos modernos, nuestros tiempos modernos.

Una rebanada para ti. Otra rebanada para ti, y un suspiro de alivio durante la primera mordida, pues no había sorpresa; no había razón para pensar en vaporeras y guajolotas. Qué alivio decir: “no me tocaron los tamales para la Candelaria”.  Y las miradas pasan a la siguiente persona, próxima víctima de la ruleta rusa, pues todos queremos tamaliza. ¿Quién la paga? Queremos verdes, rojos, de dulce, de quelites, con pan, enmarcados por un rico bolillo.

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Pan, pan, pan, se acelera el corazón; algo duro y no comestible hallado entre las fauces, disculpe mi buen caballero, perdone mi bella dama, pero no se vale tragarse lo recién encontrado, aunque parezca la mejor idea, no es tan buena, fíjese que ya nada se puede hacer.

Con aire triunfante, te delata el compadre, la amiga indiscreta grita compulsivamente; ambos saben que ya no masticas, que nada pasa por el cogote desde hace un rato. Lo saben, todos los saben, te salió el muñeco, te tocan los tamales, ya no quedó de otra, a juntar dos quincenas, cuatro semanas, dos catorcenas, una sola paga, no queda de otra, a enseñar los dientes, a dejar al descubierto la cabeza que se asoma mirando a los curiosos, delatando al padrino, diciendo “aquí está mi padrino, patrocinador de la gran comida que nos espera”.

niños dios

Vestir al niño Dios

Trabajan a marchas forzadas, reparando dedos de todos tamaños, de todas las formas, de todos los colores permitidos y posibles, unos más morenos, otros más güeros, pero todos parecidos; más que hermanos, son el mismo, un único nombre para todas las imágenes.

“Anda, vístelo”, “¿pero de qué?”, “de lo que te hayan pedido, de estilo millenial si es necesario”, “¿y ese cómo es?”, “pues con smartphone en mano, hasta el evangelio debe actualizarse, se dice y rumora que ya se transmite en 120 o 240 caracteres, el punto es no perder feligreses”, “y eso ¿a nosotros qué? Nomás nos dedicamos a vestir y reparar niños”, “ya anda, apúrate, o si no, no habrá a nadie a quien presentar el 2 de febrero”.

Ya andan bien vestidos, usando el color de moda junto a los estilos tradicionales, presumiendo las tendencias, siendo lo más trendy posible, lo más adecuado al momento. Y ya vámonos a misa, que después todos juntos nos vamos de pecado, a tragar y tragar tamales, y más si son regalados.

La Rosca de Reyes: ¿por qué hay que comprar tamales si nos sale “muñequito”?

 

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