¿Cuánto tiempo tardaste en ver la segunda temporada de Stranger Things? ¿Dos semanas?, ¿cinco días?, ¿una noche?

Nos enfrentamos un problema complejo que podría traducirse en ansiedad. O tal vez no.

La Organización Mundial de Salud publicó en febrero de 2017 un reporte sobre el trastorno de ansiedad en Sudamérica.

Su investigación reveló que la salud mental en el mundo se deteriora cada vez más. Por ejemplo, en Brasil más de 18.6 millones de personas sufren este trastorno.

Por otra parte, Brasil se posiciona como uno de los mayores consumidores de contenidos streaming junto con Estados Unidos, México y Canadá.

Seguramente podremos encontrar relaciones entre un hecho y otro, pero cualquier aseveración podría resultar peligrosa.

(…)

Así que volvamos al tema de nuestra obsesión con Stranger Things. Es muy probable que al leer este artículo ya hayas visto cada uno de los episodios. De manera que ahora te encuentra en un proceso de espera para la próxima temporada, el siguiente año.

La serie fue bastante buena y, es verdad, por ahora no hay mucho que agregar. Sin embargo, hubo una reacción del público sobre un capítulo en específico que nos dejó pensando en nuestro papel como consumidores.

¿Perteneces al 99% de personas que odió el capítulo 7 de la segunda temporada?

Stranger things

En IMDb se calificó a este episodio como el peor en la historia de la serie. Y lo cierto es que el capítulo, como lo declaran los hermanos Duffer (creadores), es un tanto experimental, pero no se distancia de la esencia de Stranger Things. De hecho, alimenta las bases de la misma.

Entonces, ¿por qué nos desagradó tanto?

Por ser diferente.

Al parecer, queremos más de lo mismo: sólo deseamos ver a Eleven comiendo waffles, a Will perdido en el Upside Down, a Dustin haciendo alusión a sus dientes, a Mike implorando por Eleven…y a todo Hawkins dominado por una estética de los 80.

De modo que el capítulo 7, al ser distinto, terminó por sacarnos de una zona de confort.

Algo que confirma esta aseveración es que, en cambio, no hubo muchas quejas tras la llegada de Max que, en términos generales, fue bastante regular y sin mucha relevancia, más allá de que nos cayó muy bien.

Pero, tal vez sólo sea un evento aislado, nada de lo que valga la pena hablar demasiado, ¿no?

El caso de Coco y Frozen

Stranger Things

En México, el estreno de Coco supuso un éxito en taquillas, pero hubo un detalle que invadió a las redes sociales: la gente detestaba el “larguísimo” y “soporífero” cortometraje de Frozen presentado, como es costumbre, antes de la película de Pixar.

El corto, titulado Frozen, la aventura de Olaf, hizo que la gente expresara “no queremos ver esto”. Extrañamente, se sentían engañados, incomodados y defraudados por ver algo por lo que “no habían pagado”. Declaraban, en coro, haber desperdiciado 20 minutos de su vida…

¡Así las cosas!

Por lo tanto, varios complejos cinematográficos optaron por retirar el material extra.

¿En serio?

El error, posiblemente, haya sido que el público interesado en la cintas de Pixar no sea el mismo que se interesa en películas de princesas de Disney. Sobre todo si pensamos en que muchos adultos somos fans de los filmes de la compañía de la lámpara Luxo Jr.

Pero, ¿de verdad el corto de Frozen merecía tal desprecio, tal cantidad de comentarios negativos y, por ende, la censura?

Censura 

¿Qué estamos haciendo? Como audiencia silenciamos todo aquello que nos nos gusta, cerramos el paso a lo distinto, y celebremos ser alimentados con lo mismo, nos conformamos y detestamos los cambios.

¿Es esto un problema real? Probablemente no llegue a niveles tan grandes, pero se corren grandes reisgos. La manera en que consumimos productos (audiovisuales o no) exhibe los problemas que enfrentamos como sociedad.

Es cierto, debemos ser críticos, pero no eso significa que debamos censurar cualquier cosa que no se adapte a nuestros gustos y preferencias.

Imagino a los creativos de Stranger Things pensando en la tercera temporada; la cual, adelantaron, sucederá en otros sitios lejos de Hawkins (para que se vayan preparando); preocupados porque su premisa agrade a todo el mundo.

Muchos argumentarán que se deben a su público y que, por tanto, deben cumplir con lo que se espera de ellos.

For real?

¿Qué pasaría si mañana decidieran cancelar la serie? (tranquilos, no lo harán, les genera mucho dinero). No queremos ni imaginar la histeria que provocaría en redes sociales.

(…)

 

En fin, envueltos en un drama, nos olvidamos de que la mayor parte de la población en México aún no cuenta con Internet. Sólo el 47% de los hogares mexicanos posee acceso a una red, según cifras del INEGI. Y  la historia (o el chiste) se cuenta sola: una tormenta en un vaso de agua en el que el autor de este comentario queda ahogado.

O, ¿ustedes que opinan?

(Por cierto, analogías similares funcionan para muchas otra series o situaciones cotidianas)

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