El vuelo y la mosca

Zumbante, ¿azaroso?, y molesto viaje el suyo; vienen, van, van y regresan, aleteando por todas partes, castrando, abrumando, jorobando a cualquiera durante su paso. Moscas, se posan donde menos lo deseamos: ora sobre la comida, ora sobre las frutas, ora sobre el polvo aún no visto, ora sobre nuestra rodilla; retadoras de la muerte, gritan riendo a carcajadas ante el manotazo preparado del que escapan.

Volando, viajando, ¿buscando quién sabe qué cosa? Allá va la más intrépida, ahí viene la más monótona; esta que ha hallado al frutero descansando en el centro de la mesa, no teme pero no se acerca, se dedica a adorar llegando casi al fanatismo puro, no quiere posarse, se dedica a girar y girar, siguiendo la ruta por ella misma trazada, formando siempre el mismo perfecto triángulo.

La mosca y el tiempo

Lleva aproximadamente dos horas así. Llevo 120 minutos observándola, tratando de descifrar los profundos secretos del universo. Ella vuela y me hipnotiza; zumba y con su melodía me sumerge en una profunda meditación, reflexionando sobre su existencia y la mía. Preguntas y respuestas vagabundeando, tan irreales, comprendidas únicamente en el viaje surrealista.

¿Qué traes hoy para mi adorada mosca rutinaria? Anda, no finjas timidez ante el amigo, y entrega esa inspiración hallada entre tus alas; frota tenazmente tus patitas delanteras y sopla hacia mí todas las historias guardadas; envía a mi mente las cosas por ti vistas, cuéntame cómo son desde tu perspectiva, y dime con todo detalle cómo son los objetos y lugares sobre los que has volado.

La anécdota de una mosca

Háblame sobre los desperdicios que has probado. Dime todo acerca de los basureros que has visitado, muéstrame sus rincones ocultos y secretos, ven, cuéntame las diferencias encontradas en cada bola de excrementos que has conocido: ¿cuántos matices hay?, ¿cuántas consistencias existen?, ¿cuántas texturas distintas has probado?

Mosca, popó y basura. Basura, popó y siempre la misma mosca, siempre. Anécdota: juntos creamos un nuevo lenguaje, nuestro propio lenguaje; ella llega, me cuenta, me inspira, y yo, escribo recetas de mierda, recito poemas de basura, hablo de desperdicios; de muerte, de objetos y cosas podridas, olvidadas, abandonadas hoy y mañana.

mosca

 

La mosca y yo

La mosca y yo. La mosca llega zumbando; la espero, todos los días la espero frente al frutero, lo lleno de productos enlamados, podridos, inservibles, esos donde ella encuentra arte y pasión, y mientras vuela olfateando todo, me perturba con su desagradable sonido, y me mira, ante todo, me mira, y la miro de vuelta, siguiendo la amada rutina, cumpliendo satisfactoriamente cada elemento del horario.

Saben, le he prometido mi cuerpo. Ella, me ha prometido agusanarlo, devorarlo llegado el momento. Le prometí mi vida, y ella prometió devolverla al universo, llevarla a la tierra, de regreso al inicio de la existencia. La mosca y yo. La mosca y tú, unidos más allá de todo mundo y de toda eternidad.

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Cuando se trata de brindar, sobran los motivos ¡Salud!

🙂

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