Tortillas

Somos tantas las bocas, y cientos las manadas de estómagos hambrientos, que no hubo manos suficientes para hacer tantos kilos de tortillas. Hasta los más artesanos cocineros exigían alimento, pedían energía para continuar con la titánica labor de ir amasando, de ir haciendo y de ir volteando las tortillas en el comal.

“Un taco, un taquito con sal”, pedía el siguiente de la fila, “Al mío, aparte de sal, échele un poco de pastor”, “No se puede patrón, fíjese que nada más somos tortillería, no taquería”, “Bueno, un taco con sal pues”, “Agárrele del kilo que pidió, ahí anda el salero”.

Ir por las tortillas

“Anda mijito, muévete por las tortillas, agarra la servilleta que dejé en la mesa. Tráete dos kilos, que ya casi vamos a comer”. El papel se cobra aparte. Mientras nos acercamos a la tortillería, el chillido del engranaje va aumentando, suena rítmico, hipnotizante, suena a danza tribal, casi como  latido metálico de algún corazón, ¿no será que está vivo?, igual y nada más anda vomite y vomite lo que comemos.

Huele a aceite, a fierros y a nixtamal; de fondo, los éxitos bailables de toda la vida: canciones incluidas en la memoria desde el nacimiento; no sobra decir, que por estas tierras no se llega con torta bajo el brazo, se arriba con un kilo de tortillas bien calientitas, pues esas alcanzan mejor para todos los invitados.

“¿Y nada más venden tortillas?”, “No joven, mire que eso ya no deja, seremos más bocas, pero semos más tortillerías también”, “¿Qué más vende entonces?”, “Fíjese que cobramos el papel, pero también tenemos salsa verde, roja y guacamole. Tenemos arroz rojo y blanco, y para el antojo, churros, dulces y galletas”.

Dama, caballero, llegó la novedad, la buena nueva

El joven emprendedor tuvo una idea: se le ocurrió crear una aplicación, va a venderle al mundo tortillas hechas en comal hasta las puertas de las casas; sólo hay que descargar la aplicación, crear una cuenta, vincular la tarjeta deseada para el pago y pedir la cantidad de producto necesaria.

¿Quién ganará?, ¿el smartphone o el local que vende tortillas? Hagan sus apuestas y mientras tanto, ¿por qué no se echan un taco de sal?

(…)

La sala de espera

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